10 de abril de 2015

Un megapoder con nombre y apellido: Fidel Egas

5 de octubre de 2010. Quito / "No me gusta reunirme con gente importante, prefiero ahora compartir con gente a la que puedo servir": Fidel Egas. Foto: Archivo particular



Nota introductoria
El 5 de octubre de 2010 se concretó mi solicitud: Fidel Egas, presidente del Grupo Financiero Pichincha, habló para b10.com.ec. Egas Grijalva acaba de dejar el cargo que ocupó 24 años, por eso reproduzco esta entrevista, publicada el 6 de octubre de 2010. Su contenido se defiende solo y su actualidad es evidente. El contexto: la etapa inicial del gobierno de Rafael Correa. Este texto permite acceder a uno de los personajes más poderosos e influyentes en el mundo bancario del Ecuador. Es un aporte para entender mejor los procesos que se esconden detrás de los nombres, y a descifrar los nombres que anidan en medio de los procesos.
HR

28 de marzo de 2015

Continental: historia del banco que terminó en papel (1)

La cabeza del Grupo Financiero Continental / Leonidas Ortega Trujillo, en los días turbulentos de la caída del imperio económico que lideró desde su creación, a inicios de los años 70. Foto: Archivo H. Ramos  


 1. Los antecedentes
En Guayaquil y Quito, la tarde del 19 de marzo de 1996 y la madrugada del 20, fueron horas turbulentas para mucha gente, en especial para quienes, a puerta cerrada, decidieron el destino del 5to. banco privado más grande del Ecuador. La terapia de shock devino inevitable para intentar salvar al moribundo que, gracias al manejo fraudulento de sus fundadores, cayó en la fatídica espiral de la insolvencia financiera. Esos días, la Junta Monetaria (JM), presidida por la imborrable Ana Lucía Armijos, en coordinación con la Superintendencia de Bancos (SB), dieron luz verde al Banco Central del Ecuador (BCE) para ejecutar un atrevido e inédito plan delineado en medio de las llamas: evitar a toda costa la quiebra del Banco Continental (BC), inyectándole nuevo capital, ese sí real (pues el anterior se había evaporado por obra y desgracia de sus antiguos dueños), a condición de que los administradores y accionistas causantes del desastre, es decir, el arrogante clan Ortega-Trujillo, entregue las llaves de la tienda, salga ipso facto por la puerta de servicio y se atenga a las responsabilidades posteriores para asumir con su patrimonio las consecuencias del fraude ocasionado.