27 de febrero de 2016

¿Qué busca Dahik, el Ave Fénix del neoliberalismo criollo?

Guayaquil, febrero 2016 - El ciudadano Dahik en un día normal...  Foto: Hernán Ramos


En sus auspiciosos inicios como político, él fue uno de los mimados del fallecido patriarca de la derecha ecuatoriana, León Febres Cordero. Pero luego de una ruptura oscura y rodeada de espesas sinrazones, Alberto Dahik (Guayaquil, 1953) terminó denostado y condenado por su ex padrino y por el nutrido séquito de acólitos de la época que cuidaba con rabia la intocable dehesa socialcristiana.

Para Dahik, ese fue un momento de rupturas; de búsqueda acelerada de nuevas querencias políticas sin padrinazgos que velen por él. Estaba obligado a encontrar nuevos caminos hacia el poder. Pronto los encontró.

Cuando asumió la Vicepresidencia del Ecuador (agosto 10, 1992), en binomio con un personaje de viejo cuño, muchos pensaron -incluido él- que era la hora del Ave Fénix: Dahik tomó el control total de la economía ecuatoriana, aunque el maquillaje político hablaba de una "delegación expresa" del presidente, el conservador Durán Ballén, reyezuelo del escarceo político de inicios de los años 90 del siglo XX.

No les aburriré con el relato de cómo este personaje, que salió de los arrabales de la política (porque ahí caían los señalados con el dedo socialcristiano), pronto se encumbró en el poder, y más pronto todavía se cayo de él, escapando a Costa Rica por motivos nada virginales, como el uso abusivo de fondos reservados del Estado. Hoy abordamos otro detalle: la gestión económica del mayor representante del neoliberalismo criollo mientras ejerció el cargo de Vicepresidente del Ecuador.

"No tengo nada que ver con la crisis del 99" ¡Cómo que no!


Elocuente y ordenado - Así se vende Alberto Dahik
Tras su retorno al Ecuador, una vez que su récord político-judicial con la Justicia quedó subsanado, Dahik recuperó su espacio como personaje público. Tiene voz y voto. Influye de forma creciente en la opinión pública, gracias al eco que alcanzan sus palabras, que se repiten una y otra vez en radios locales y nacionales, en canales de TV públicos y privados, en medios impresos públicos y privados, en debates universitarios... La ola dahiksiana ha crecido al punto que este personaje incluso fue protagonista del debate sobre macroeconomía, radiotelevisado a todo el país, en el que terció (con éxito, según algunos) con el propio Presidente del Ecuador.

Así, por segunda vez, el Ave Fénix volvió de las cenizas (en este caso, del exilio) para instalarse en una barcaza que, por ahora, hace puerto entre la academia elitista (desde la universidad que conserva el sello familiar de los tristemente célebres Ortega-Trujillo), el mordaz análisis económico y la crítica calculada al poder político actual. Para decirlo en una frase que se ha puesto de moda: sobre este trípode estratégico se asienta el "área de confort" de Alberto Dahik.

Pero Dahik no es el inmaculado político que muchos creen, ni el economista anodino que llegó solo para proponer su "timbre cambiario", en aras de paliar las serias dificultades económicas que enfrenta el Ecuador. No, Dahik es un viejo lobo de mar en política y un economista con formación monetarista que, desde su carpa ideológica y conceptual, dispara sin piedad a los tiburones que le acechan en las turbulentas aguas que rodean al poder. Ahí se explica su capacidad para resistir la larga hibernación política fuera del Ecuador, y su rápido ascenso a la comodidad que le ofrece hoy la crítica política, desde donde pronostica a grito pelado los nuevos desastres que se avecinan sobre el Ecuador.

¿Este blindaje es suficiente para cubrirse de las críticas cuando alguien le recuerda que él es uno de los grandes protagonistas de la crisis financiera y bancaria de 1999? Palabras más, palabras menos, su táctica defensiva se resume así: "el pueblo sabe que no tengo nada que ver con la crisis financiera y bancaria de 1999; es público y notorio que yo salí del Ecuador cuatro años antes de que eso sucediera, y mal puedo tener responsabilidad alguna". Con desparpajo y cinismo, Dahik se reivindica así ante estudiantes, periodistas, oyentes, lectores, contertulios, amigos y enemigos, y hasta frente al Presidente de la República, tal cual ocurrió en el citado debate, dejando perplejos a todos... o a casi todos.

Cierto: es público y notorio que escapó del país a finales de 1995, escribiendo a mano su renuncia casi en las escalinatas del avión que le sacó del país, tras perder el apoyo de su presidente Durán Ballén. Pero también es verdad -no nos engañemos- que Dahik tiene vela en el entierro de la banca que quebró a finales de los 90, la cual arrastró a toda la economía al fondo del infierno.

Dos revelaciones son suficientes para poner a este personaje en su sitio histórico:

1.- LA LIBERALIZACIÓN FINANCIERA CARECIÓ DE UN FÉRREO CONTROL

En las líneas de investigación para reconstruir la historia del crac financiero y bancario del país en 1999, entrevisté a Augusto de la Torre, entonces gerente general del Banco Central del Ecuador, y como tal, muy cercano colaborador del Vicepresidente Dahik. Aquí las preguntas y respuestas pertinentes, que por primera vez se hacen públicas:

"Iniciada la liberalización financiera, hubo tareas que no se hicieron bien o se dejaron a medias, por ejemplo, la falta de regulación sólida para proteger a las autoridades. O las graves fallas en los controles del sistema financiero, dos elementos clave que luego desatarían la crisis financiera en Ecuador. ¿Por qué? 
"Eso es correcto. Ahora, para serte totalmente franco, todas esas fallas reales que muy bien anotas, no se veían con tanta claridad en ese tiempo, como hoy, cuando se ve todo mucho mejor. Esos errores se cometieron en muchos países de la región, pero a nosotros, a los ecuatorianos, nos costó más caro.

"¿Por qué? ¿Dónde se ubica la esencia del problema?
"El primer gran error fue que el proceso de liberalización de los mercados financieros se implementó de manera más rápida que el proceso de regulación de esa liberalización financiera, cuando ambos debieron ir de la mano. No hay dudas entre los economistas: los mercados financieros deber ser regulados. El debate radica en si son (o deben ser) más o menos regulados, pero nadie discute que deben ser regulados más que otros mercados, por una serie de razones. Sin embargo, la modernización del aparato regulatorio en el Ecuador resultó mucho más lenta que la liberalización financiera en sí y ese desfase histórico fue uno de los epicentros que creó graves debilidades en el sistema financiero local, los que se fueron acumulando y estallaron más tarde, al final de la década del 90. Acordémonos también que, a fines de los 90, la crisis financiera del Ecuador fue catalogada como una de las más graves de Latinoamérica (...)"
(Los subrayados en rojo son míos)

Dicho esto por quien tiene autoridad profesional y fue cercano a Dahik, ¿tiene o no el ex Vicepresidente una de las mayores responsabilidades histórico-políticas de aquel proceso de apertura financiera, que fijó controles enclenques (o no los fijó), permitiendo que voraces depredadores financieros y monetarios arrastren al país a la peor crisis económica en su vida republicana? Pregunta de examen para Don Alberto...

2.- LA LEGISLACIÓN MONETARISTA ARRINCONÓ AL ESTADO

Al hacer una inmersión profunda para descodificar la legislación financiera y bancaria durante el gobierno Durán Ballén-Dahik Garzozi (agosto 1992 - agosto 1996), encontramos datos reveladores y sorprendentes. En esos 4 años se creó el esqueleto jurídico-legal del neoliberalismo criollo. Y esa fue obra de Dahik, capitán del barco económico (hasta que se cayó del cargo en octubre de 1995), donde todos los marineros trabajaron duro. Los resultados lo demuestran, al comprobar que la máquina neoliberal de hacer leyes expidió: 498 resoluciones, 146 regulaciones, 108 decretos ejecutivos y 38 leyes (entre expedidas y reformadas). Impresionante tarea del "dream team" monetarista de esa era.

De modo que si Alberto Dahik cree que está vacunado contra el crac financiero y bancario del 99, no es suficiente decir que no tiene nada que ver con el asunto y punto. Tiene que demostrarle al país lo que hizo, no lo que dice. Mientras eso ocurre, dejemos por ahora que las cifras hablen solas: