20 de febrero de 2017

Ecuador entró en un volátil momento electoral


1.- Han pasado más de 30 horas (escribo esta nota hacia las 23h40 del 20 de febrero) desde que las autoridades electorales de Ecuador cerraron las urnas y empezaron a contar los votos. El proceso no ha terminado (está a nivel del 92%), por tanto, no se conocen los resultados globales, ni se sabe el desenlace político inmediato, porque el candidato oficialista que va a la cabeza no supera la valla del 40%, por ende, se estanca su posibilidad de ganar en primera vuelta. Mientras, el segundo aspirante, a marcha forzada, proclamó su triunfo e intenta tomar la iniciativa para posicionarse dentro y fuera del país como el gran contendor del "segundo round".

2.- Entre el domingo 19 (17h00) y el lunes 21 de febrero (23h40), los datos oficiales se han divulgado a distintas velocidades, a ratos de manera semi-fluida, a ratos de forma semi-accidentada, en medio de una clara presión política multimodal: desde las calles, desde las sedes de los gremios empresariales, desde la cúpula de la Iglesia Católica, desde las oficinas de mando de determinados medios de prensa, sin descartar la insólita presión de los altos mandos del Ejército ecuatoriano y hasta el alineamiento sin beneficio de inventario de algunos dirigentes indígenas...

3.- En conjunto -de forma velada, directa o indirecta-, todas las acciones políticas corporativas descritas líneas arriba, en general, cobijan las tesis electorales y los intereses estratégicos de Guillermo Lasso. Así, tal parece que el candidato presidencial de CREO -quien cada día alza más la voz- empieza a cosechar bastante más de lo que ha sembrado, no necesariamente por mérito propio, sino por errores ajenos. De yapa, como quien recibe un regalo anticipado, el PSC, Nebot y Viteri le endosaron -aparentemente sin condiciones- sus valiosos votos.

4.- En la orilla opuesta, el candidato Lenín Moreno tuvo que alterar rápidamente su agenda, reajustar su discurso frente a las masas, reprimir a toda costa el festejo post-electoral y al fin "cruzar los dedos", como él mismo acertó en decir con llana simpatía. Todo esto, hasta que se despeje el camino. Esta triste metamorfosis electoral del candidato de Alianza PAÍS (AP), con el pasar de las horas, se hizo dramáticamente evidente, precisamente cuando las cifras oficiales empezaron a mostrar una realidad muy distinta al horizonte prometedor que le habían pintado al oficialismo las encuestadoras contratadas que volvieron a fallar del techo al piso. En este punto, alguien, en algún lugar, puso de nuevo la carreta delante del caballo (recuérdese las duras derrotas seccionales de AP en las fatídicas elecciones del 23F). Seguramente habrá catarsis interna y es de imaginar que de ahí saldrán muchas chispas...

5.- Lo paradójico de este complejo y volátil escenario es que, Moreno Garcés ganó, le sacó más de 10 puntos de ventaja al candidato-banquero -una ventaja apreciable de todos modos- pero que, dadas las reglas del juego electoral ecuatoriano, es apenas un premio parcial a su tarea de campaña. Entonces, lo más probable es que tendrá que vérselas con Lasso Mendoza en segunda vuelta, ya que la tendencia en la recta final del conteo de votos de primera vuelta tampoco le resulta del todo auspiciosa (ver los gráficos arriba): el candidato de AP se estancó alrededor del 39,1%, a falta del 8% de votos totales por escrutar.

6.- Es verdad, no está dicha la última palabra, menos en el Ecuador electoral de hoy, pero el camino parece estar preparado para que este pleito electoral se dirima el próximo 2 de abril, entre un candidato de derecha extrema, apadrinado por "moros y cristianos", y otro de centro izquierda que tendrá que salir a conquistar votos por fuera de los pagos del movimiento gobernante. De modo que, mientras más rápida y claramente se decanten las cifras definitivas de la primera vuelta, tarea pendiente de las autoridades respectivas del país, mejor para todos. Nunca está por demás recordar que, en material electoral, la incertidumbre generada suele convertirse en pasto fértil para acrecentar todo tipo de sospechas, de arriba y de abajo, las de buena y las de mala fe, sobre todo las últimas.