16 de febrero de 2017

Ecuador - ¿Será posible un "Tiwintza electoral" a favor de Moncayo?

Medallero de Moncayo - Él destaca La Estrella de Octubre de Guayaquil, entregada el 9 de octubre de 1992

1.- El origen social y la composición sociológica de las FF.AA. ecuatorianas (clase media con ascendiente popular, algo distante de la cultura de la represión) son elementos de vieja data que resaltan dentro de la Institución Militar. La Fuerza Terrestre, en particular, hace de este dato de la realidad una especie de divisa corporativa, que ha tenido amplia proyección en el escenario político nacional, sobre todo cuando ha actuado en momentos de crisis en la esfera del poder. Los capítulos recientes de esta historia no son lejanos; basta desempolvar los agitados días de mediados de la década de los 90 del siglo pasado, hasta el primer lustro del actual. Por entonces, cabe recordar, los gobiernos elegidos en las urnas se caían como castillos de naipes; el país anochecía con un presidente y despertaba con tres; la clase política, en una trágica mezcla de incompetencia y corrupción, golpeaba sin pudor las puertas de los cuarteles... para defender la democracia; los militares a su vez, guardando la distancia debida, dirimían a su manera en el agitado juego del poder. Ese era el país político que -líneas más, líneas menos- gobernó por décadas a los ecuatorianos de a pie.

2.- Paco Moncayo -como profesional de las armas, jefe militar y político de oficio- es fruto, actor y testigo excepcional de esta parte de la realidad nacional (poco estudiada por cierto por la "sociedad civil"). Como militar, hizo una carrera que le mereció reconocimiento dentro y fuera de la esfera castrense. Sus ideas forjadas en la milicia han sido estudiadas incluso fuera del país, sobre todo en el Perú durante los días del conflicto del Alto Cenepa y la victoria de Tiwintza. Autor de textos sobre táctica y estrategia, fue un inquieto lector del proceso político ecuatoriano, particularmente en las últimas tres décadas. Ahí se fue forjando el político que había dentro del militar. Por eso, a nadie sorprendió su derrotero posterior: apenas dejó el uniforme entró de lleno a la actividad política, trepado siempre en el tren de la socialdemocracia criolla o tendencias afines.

3.- Como diputado, luego como alcalde de Quito y hoy como aspirante a la Presidencia de la República, Moncayo es el único candidato de la actual contienda que se formó profesionalmente bajo los preceptos del Ejército. Por ende, su discurso (o buena parte de él), su visión misma de la sociedad, su lectura del orden, la disciplina, la moral, etc., tienen esa impronta, la del político institucional, la del patriota que se ve a sí mismo en la ineludible tarea cívico-electoral de rescatar al Ecuador de una crisis profunda a la que -sostiene- le ha llevado el gobierno actual. Analizando este caso desde su perspectiva reduccionista, para Moncayo, la sociedad ecuatoriana requiere de sus servicios, porque él piensa y actúa desde la funcionalidad de un hombre de Estado... sin ser jefe de Estado. Desde esa visión tan particular, Moncayo Gallegos deviene candidato del establecimiento político ecuatoriano por antonomasia, donde el aditamento socialdemócrata es apenas un complemento político formal; un anexo necesario para dar forma a la esencia de su pensamiento.




4.- Las fuerzas políticas que respaldan la candidatura de Paco Moncayo, en general, oscilan entre la derecha moderada (ni viterista ni lassista) y una izquierda radical fragmentada (que hace rato abrió fuego contra el gobierno de Correa). Este amplísimo "ancho de banda" electoral, obviamente, ha dado cabida a tantas visiones ideológicas como intereses políticos puestos en juego. Se trata de un curioso fenómeno no solo político sino sociológico, que se expresa de algún modo en el atomizado discurso que maneja el candidato presidencial, colocado en medio de dos extremos. El de Moncayo, en efecto, es un discurso crítico hacia el poder y conciliador con el elector; duro y militante contra el correísmo, pero a su vez blando y de mano extendida con los otros opositores pertenecientes a la derecha tradicional; defensor acérrimo del Estado, en cuanto administrador de las áreas estratégicas al estilo de los años 70 del siglo pasado (como a él le gusta rememorar), pero decididamente crítico ante la presencia estatal en diversas esferas económicas y sociales, donde -él cree- sería mejor contar con el concurso de la empresa privada... En fin, estos parámetros del discurso socialdemócrata del candidato salido de los cuarteles, que aparecen refrendados en su plan de gobierno, abren la puerta a la eventual entente del general retirado con la vieja derecha ecuatoriana, que no estará exenta de fracturas con algunos de sus actuales aliados de ruta, de darse una segunda vuelta electoral.

5.- La candidatura de Paco Moncayo tiene asidero social, evidentemente que sí, al haberse colocado en el siempre cacareado "centro ideológico", donde caben (o se pretende que quepan): i) los electores que comulgan con las ideas político-institucionales del general (r); ii) los electores socialdemócratas que no simpatizan con la derecha tradicional y que tampoco endosarían mecánicamente su voto al candidato del oficialismo; iii) los militantes y simpatizantes de la izquierda tradicional que, por debilidad o por fragmentación sectaria, no lograron catapultar a un candidato propio, etc. Sin lugar a dudas, en las urnas se verá reflejada esta masa variopinta de electores. Que sea una fuerza electoral suficiente o insuficiente para poner al candidato de la ID en el Palacio de Carondelet, eso es harina de otro costal. De ahí la pregunta propuesta en el título de esta nota: ¿será posible un "Tiwintza electoral" a favor de Moncayo, tomando en cuenta que el "enemigo" no está fuera sino dentro de casa?