14 de febrero de 2017

Elecciones en Ecuador - Cynthia Viteri se mira en su oráculo electoral

La indeleble huella socialcristiana - La candidata presidencial es producto de una vieja escuela política

1.- No tiene la fortuna económica del candidato-banquero, pero acumula más millas políticas que él. Ha pasado por muchos capítulos tragicómicos, entre ellos, colocarle la banda presidencial a un señor que emergió en medio de un caos político del cual ella y su partido no estuvieron exentos. Por eso mismo, tampoco califica para "outsider", a pesar de venderse como "la" candidata, la única, la referencial. Su larga estela conspira contra esta oxidada idea marketera, en el sentido de que se presenta como el viento fresco con rostro de mujer, cuando en realidad ella representa la línea dura y recalcitrante de la derecha intransigente ecuatoriana, aquella que no hace prácticamente nada sin la bendición del gran patriarca, por cierto, venido a menos en los últimos meses, don Jaime Nebot.

2.- A lo largo de la presente campaña, Cynthia Viteri ha revelado los alcances y límites de la visión de país que tienen aquellos que controlaron directamente los principales resortes del poder por más de dos décadas. Es la visión del PSC de los años 80-90 del siglo pasado. En sentido riguroso, se trata de una visión retrógrada que plantea ideas e instituciones políticas y sociales de tiempos pasados, a pesar del maquillaje electoral que se esfuerza por mostrar la candidata, y no obstante las incendiarias cifras macroeconómicas anticorreístas que exhibe su etiquetado compañero de fórmula, el ex banquero de segunda línea, Mauricio Pozo.

3.- El programa de gobierno de Viteri está edulcorado con un montón de frases hechas y unas cuantas re-hechas. Hay cifras más o menos generales, enunciados indiscutibles y evocaciones al pasado, sin decirlo con la claridad que las radicales huestes criollas de la derecha quisieran oír en voz alta. Pero estamos en elecciones y hay que medir cada palabra y cuidar cada tonalidad. De todos modos, al final de la lectura del documento, queda en el aire una sensación de pronunciada inconsistencia ideológica, propia de una propuesta electoral en tiempos de guerra contra el correísmo. Además, es extremadamente oportunista, porque los socialcristianos, fieles por enésima vez a su talante autoritario, no tienen por qué dar explicaciones a nadie: simple y sencillamente han creado un programa anti y el fin justifica los medios. Punto.


4.- Lo curioso aquí es que el programa viterista-socialcristiano, básicamente, no hace ningún cortocircuito ideológico ni político con el del otro candidato de derecha. Por eso, no sin razón, Lasso le ha recordado a Viteri, en repetidas ocasiones, que "usted no es mi enemiga, otros son los enemigos". Cotejando con lupa las propuestas de gobierno, en efecto, ambas muestran bastantes aproximaciones estratégicas que, si el país va a segunda vuelta, posiblemente allanarán el camino para una "santa alianza" de la derecha nacional, contra el potencial candidato ganador, el del oficialismo, quien por ahora navega, no sin tensiones y sensibilidades a flor de piel, en su propio barco.

5.- Todo eso está por verse, claro, pero las bases conceptuales están establecidas -más allá de la insufrible y mediocre fraseología electorera que satura a la sociedad ecuatoriana- para que la vieja derecha cierre sus heridas, se tape los ojos, la nariz, los oídos. Solo entonces sus líderes se inclinarán ante el (la) potencial ganador (a) de la casa. Pero antes de ponerse a órdenes "del fin superior", todos tendrán que hacer sus cálculos, medir los efectos políticos inmediatos, barajar su frondoso naipe de concesiones, decidir. Será inevitable: si hay segunda vuelta, la derecha ecuatoriana tendrá que hacer una purga completa, de la coronilla a los pies. Eso implicará una brutal guerra política subterránea, porque estarán en juego las cuotas de poder. Y si no hay segunda vuelta, todos tendrán que recoger los despojos que dejará el tsunami electoral. Estos son los escenarios posibles.

6.- A medida que la campaña entraba en el torbellino de la vacuidad de ideas, cubiertas con cascadas de denuncias de lado y lado, donde los medios, y sobre todo las redes sociales, aportaron toneladas de arena, pronto se disipó la esencia de los reales intereses en juego. En el caso que nos ocupa, la candidatura de Viteri, desde el punto de vista del capital, representa la agenda económica de los más poderosos grupos empresariales del Ecuador, los mismos que, a pesar de haber obtenido grandes ganancias en la última década, sienten la necesidad de recuperar el viejo statu quo, esto es, mandar sin intermediarios. Están hartos -dicen- de hacer negocios con las incómodas interferencias o ruidos políticos correístas que alejan, supuestamente, al capital (basta ver la forma y el fondo de las declaraciones de Rodrigo Paz a favor de Viteri y Pozo para darse cuenta de esto). Pues bien, esos viejos grupos empresariales, que surgieron en la dorada era petrolera de los 70 del siglo pasado, añoran la paz y la quietud que cubrieron sus añejos negocios, y sobre todo buscan el mejor escenario para los negocios futuros, donde el Estado ecuatoriano ya no será el socio directo, sino que trabajarán a costilla de él, exprimiéndole hasta el tuétano, so pretexto de recuperar la libertad y el mercado. Esto, básicamente, representa la angelical candidatura Viteri-Pozo.
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Siguiente entrega: ¿Será posible un "Tiwintza electoral" a favor del general?