11 de febrero de 2017

Elecciones en Ecuador - Lasso Guillermo vs. Guillermo Lasso

El candidato y sus tiempos - Guillermo Lasso Mendoza mira el reloj, acelera el paso, arremete, desespera


Introducción de la serie - Cualquier cosa pasa en el Ecuador electoral de hoy, donde el juego por el poder -de derecha, de izquierda y demás puntos cardinales- no conoce límites; rompe moldes éticos; burla sin pudor la moral pública; invade privacidades; arrincona a la ley; impone verdades como mentiras y mentiras como verdades; desborda las pasiones bajas; oculta, descubre y vuelve a ocultar intereses; manipula la conciencia colectiva; impone y somete... Este tinglado ocurre ante un pueblo al que dicen representar, cuando las redes sociales, convertidas en instrumentos electorales, dinamitan el estado de ánimo del elector -secuestrado sin advertirlo-, por fuerzas anónimas que manipulan desde la sombra.

---------
1.- Si no logra su cometido, es difícil imaginar que correrá por tercera vez para ganar la presidencia. Puede que sí, quizá no. De lo que sí hay certeza es que posee tres cosas que les falta a otros políticos, tanto o más ambiciosos que el banquero que hoy disputar sus dominios: tenacidad, necedad y una chequera bañada en oro. Por ahora, Guillermo Lasso cuenta las horas para ver qué pasa con su segunda prueba electoral, al tratar de hacerse del poder, tras el azaroso recorrido que le catapultó al segundo o tercer lugar de los banqueros más poderosos del país, luego del crac financiero de 1999, cuando el jefe del Banco Guayaquil brilló por lo alto con luz propia.

2.- El candidato del Opus Dei, fiel a su signo ideológico, también se aferra a su credo electoral. Luce cansado por el trajín tarimero, algo extraño para quien, a pesar de la campaña anterior, sufre el rigor sudoroso de agarrar un megáfono y ofrecer cualquier cosa. Pero su ambición y el ají de la política criolla le llevan, como Cristo con la cruz, por sitios desconocidos donde falta todo. Recorriendo por su propio calvario, se ha visto obligado a coger pollos pelados con los dedos de sus manos; abraza a abuelas desdentadas; acaricia cabezas morenas de niños con hambre; estrecha las manos encallecidas de chagras y montuvios; entra a los talleres de las costureras pobres; habla con los vendedores ambulantes; ofrece empleo a los obreros... Mejor dicho, ahora sí el banquero conoce mucho más el Ecuador, que aquel país que contempló por décadas desde la comodidad de su escritorio colosal. Pero también su espíritu se ennoblece con el paso de los días, pues hasta se le ha visto sirviéndole empanadas a uno de sus compañeros de ruta electoral, un tal señor Sanmiguel de Tungurahua...


3.- Lasso no es un candidato fácil para ningún contrincante. No tiene la destreza maquiavélica de Churchill para tejer la política a su antojo, ni la astucia supina de su amigo Aznar, quien fuma debajo del agua cuando le llueven las denuncias de corrupción. Pero Lasso tiene lo suyo sin dejar de ser terrenal y silvestre. Pisa duro en su querencia y no cede en su objetivo de ser el centro gravitacional de las fuerzas de derecha, aún a costa de perder la amistad de viejos actores y amigos que le apoyaron. Por tanto, su ruptura con Nebot y Viteri (PSC) no es anecdótica, es política, en medio de una campaña electoral mediocre, carente de ideas elevadas. Lo escandaloso es que ante ese hecho relevante, políticos, empresarios y medios que acampan bajo su carpa, minimizan la ruptura de las dos grandes vertientes de la vieja derecha, dicen, "para no dar de comer al enemigo". Tapar el sol con un dedo es una táctica boba, pero es más deleznable pensar que los ecuatorianos somos tontos.

4.- El programa de gobierno de Guillermo Lasso está escrito con cierta prolijidad. Sin embargo, para el elector interesado en el futuro de su sociedad, no basta la letra muerta redactada por el asesor de mercadeo político o por equipos de expertos que nadie sabe quiénes lo integran. En política, como en la vida, el espíritu de la letra da fuerza moral a su contenido. Y lo que se lee, entre tanto barbecho, es que si Lasso llega al poder y realmente pone a caminar su plan, el Estado pasará del regocijo al purgatorio; el mercado recuperará el privilegio de decidir sobre el ciudadano, a título de restituirle la libertad supuestamente conculcada; no pocas empresas públicas prepararán su epitafio; los subsidios sociales enflaquecerán y la oferta-demanda harán lo que han hecho siempre en el mercado monopolizado del Ecuador: secuestrar al cliente, arrinconar al Estado y convertir al ciudadano en número fatal...

5.- Lo anotado en el punto no está escrito así en el programa, de manera taxativa, eso le costaría el puesto al pelotón de asesores. Pero quien lee entre líneas descubre fácilmente el espíritu del programa neoliberal que Lasso añora para un país que aún intenta salir del castigo inclemente de la misma "mano invisible del mercado"; aquella que antes destrozó buena parte de la economía y liquidó hasta la moneda nacional.

6.- Hoy, convenientemente "marketeado", se difunde como frase de púlpito la oferta demagógica del millón de empleos en 4 años y el desmantelamiento alegre de 12 tributos para que la gente tenga 3 mil millones de dólares en el bolsillo. ¡Fantástico! ¡Quién no sueña con el paraíso! En elecciones siempre será fácil ofrecer trabajo y dinero a la gente, y será un acto profano explicar las razones históricas para pretender regresarle al país a la ignominia de un pasado que "se tiñó de sangre, sudor y lágrimas" (ahora sí cité a Churchill), como don Guillermo Lasso bien lo sabe

Así llega al cierre de su campaña el banquero del millón de ofertas.
----------

Siguiente entrega: Cynthia Viteri se refleja en su oráculo político